Por Lorena Rodríguez
La política en México se rige bajo una máxima que el propio movimiento de regeneración nacional(Morena), ha pregonado hasta el cansancio: «Con el pueblo todo, sin el pueblo nada».trabajo de cercanía con la ciudadanía que hacen muy pocos, Sin embargo, el escenario actual en Nayarit pone esta frase a prueba. El censo más reciente de Empresa de marketing político y como casa encuestadora GOBERNARTE no solo es una estadística; es un grito del territorio que coloca a Héctor Santana como el puntero indiscutible, superando por márgenes claros a otras figuras con alta exposición mediática como Geraldine Ponce.
El peso del territorio frente al centro
Héctor Santana ha construido su capital político lejos de los reflectores de la Ciudad de México y cerca de los caminos, pueblos donde habitan los Nayaritas. Su ventaja en todas las casas encuestadoras serias no es producto del azar, sino de un reconocimiento de base que ha permeado en el interior del estado. Mientras la política cupular se decide en oficinas, Santana ha caminado el territorio, logrando una conexión orgánica que hoy lo posiciona como el candidato más sólido y con menor tasa de rechazo.
La encrucijada nacional: Palenque vs. Ciudad de México
El «Caso Nayarit» no se resuelve solo en Tepic; se dirime en los círculos de poder del centro del país. Aquí es donde la situación se vuelve fascinante y, a la vez, peligrosa para la unidad del partido.
Por un lado, existe la influencia del llamado «Grupo Palenque», aquellos leales a la línea fundacional del movimiento que observan con lupa que no se traicionen las bases trabajadas. Por otro lado, está la estructura que acompaña a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha enfatizado la importancia de la disciplina, el rigor científico de las encuestas y, por supuesto, la paridad de género.
El reto para la dirigencia nacional es mayúsculo: ¿Cómo se van a atrever a resolver el tema de Nayarit si Santana encabeza todas las mediciones?, El peligro de romper las reglas del juego
Si Morena decide ignorar el punteo de Héctor Santana para favorecer una designación por compromiso político o por una interpretación rígida de la paridad —pasando por encima de la competitividad real—, estaría sentando un precedente desastroso.
Hacia afuera: Se envía el mensaje de que las encuestas son solo un decorado y no un instrumento democrático.
Hacia adentro: Se genera un quiebre con los cuadros que sí tienen el respaldo popular, desincentivando el trabajo de territorio.
¿De qué sirve caminar el estado, convencer a la base y salir alto en los censos de de la mayoria de las casas encuestadoras, si al final la decisión será ajena a la voluntad popular expresada en los datos?
Seria un parteaguas necesario
Nayarit será el laboratorio donde veremos si Morena respeta su propia esencia. Ignorar a quien «trae los números» y el respaldo del interior del estado frente a figuras protegidas por el centro del País, sería un error de cálculo que podría dejar heridas abiertas de cara a las coordinaciones estatales.
La presidenta Sheinbaum y la cúpula morenista tienen una oportunidad de oro: demostrar que en este segundo piso de la transformación, la encuesta y el territorio mandan sobre el influyentismo.
Héctor Santana ya hizo su parte en la calle con rendicion de cuentas al publo y en los números no se miente, ahora le toca al partido demostrar si está a la altura de su propia militancia.
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