Cuando se logra construir una estructura real y el trabajo de territorio vence a la simulación, el caso de Puerto Vallarta resulta ejemplar.

El pasado 17 de mayo, Puerto Vallarta fue escenario de un evento que no solo cumplió con un requisito estatutario, sino que marcó un parteaguas en la vida orgánica de Morena en el municipio. La toma de protesta de los secretarios y presidentes de los 101 comités seccionales representa mucho más que un acto protocolario: significa la activación real de los territorios y polígonos que definen el mapa electoral de la región. Por primera vez en años, se percibe una estructura sólida, construida a ras de suelo, con trabajo territorial auténtico y no como una simple simulación de escritorio.
Para entender la relevancia de lo ocurrido ayer, vale la pena hacer memoria y poner el dedo en la llaga con un dato tan incómodo como evidente: ni siquiera cuando fueron gobierno en la pasada administración municipal encabezada por el profe Michel, y desde donde operaba políticamente su hijo Chuy Michel con el respaldo de su padre, se tomaron la tarea de construir y posicionar verdaderamente la marca Morena en Puerto Vallarta. Lo que predominó entonces fue el oportunismo político. Muchos se colgaron del arrastre nacional del movimiento y de la figura presidencial para ganar una elección; sin embargo, una vez en el poder, la realidad terminó por alcanzarlos. No supieron gobernar, se alejaron de la ciudadanía y, como consecuencia natural, perdieron la elección, arrastrando además a Morena hasta un tercer lugar y dejando abandonada la esencia del movimiento de la Transformación.

Durante ese periodo existió un vacío total de gestión social, de escucha y de diálogo, pero, sobre todo, sin creación de estructura, traicionando la esencia misma de lo que exige la Cuarta Transformación.

Hoy el escenario es completamente distinto. El evento de ayer dejó claro que un movimiento no se construye desde el escritorio, sino caminando el territorio. La diferencia está en el liderazgo de un joven con voluntad de trabajar y dar resultados, que ha recorrido colonia por colonia escuchando de frente las necesidades ciudadanas y las problemáticas que se viven todos los días. El vacío de liderazgo que otros dejaron hoy comienza a llenarse con gestión social, cercanía y trabajo territorial, que son la verdadera fuerza del cambio.

La prueba de fuego y el dato más contundente de este nuevo rumbo que representa este joven, el cual tiene nombre y apellido, hoy es la legitimidad dentro del morenismo vallartense. Por mencionar datos, cuenta con más del 85% de las personas que conforman los comités seccionales en Puerto Vallarta, quienes son afines al proyecto que este joven representa. No son acarreados, son una estructura real, convencida y territorial.

La lección de ayer para la política vallartense es clara: las marcas nacionales ayudan, pero sin trabajo de campo, sin resultados y sin cercanía con el pueblo, el poder es efímero. Hoy, Morena en Puerto Vallarta parece haber entendido el mensaje, apostando por el liderazgo de quien sí sabe caminar la calle, como lo ha hecho Ra Aguilar.

En los próximos meses veremos cómo resuelven el tema de Vallarta la cúpula estatal de Morena, que representa el senador de la República Carlos Lomelí, y otras figuras en el estado. Asimismo, la tarea que tendrá la nueva presidenta nacional de Morena, así como el comité de elecciones, para resolver casos como el de este municipio, donde el joven vallartense gana todas las encuestas y es quien más trabaja el territorio. Estaremos al pendiente de cómo termina este desenlace.

multimediosdelabahia (Lorena Rodríguez)